Guanaré; novela negra venezolana

   Desde hace unos meses tenía en mi poder una novela llamada Guanaré, escrita por el periodista venezolano Willmer Poleo Zerpa, redactor de la columna Crónica Negra del diario matutino El Últimas Noticias. Esta obra fue un préstamo que por motivos de tiempo (excusa mía) no había podido leer. Para no dejarme llevar por los sucesos del país, le quité el polvo a Guanaré y me introduje a la Caracas de la década de 1980.

   Primero lo primero; Guanaré es una novela negra al mejor estilo de los escritores como Eloi Yague o Fedosy Santaella (capaz habrá algunos que no les guste esta comparación, pero este blog es mío y no de ellos) que son, a mi juicio, los mejores exponentes de este género en los últimos años en Venezuela, (ojo, esto es la opinión de un simple lector y no un crítico en el tema, ni intento serlo).  Sin embrago, la obra de Willmer Poleo se diferencia de estos dos, en un detalle, es una crónica de sucesos escrita desde la perspectiva coloquial o popular, de alguien que conoce muy bien el lenguaje o los códigos de los barrios populares de la ciudad de Caracas.

   Guanaré empieza con la muerte de una habitante de un barrio al oeste de nuestra ciudad capital, luego nos lleva a la vida de esa persona antes de su asesinato, y en el camino, nos muestra la vida dentro de la comunidad del Observatorio en el 23 de enero. Desde los códigos del barrio, sus “Caciques” líderes del mismo, personajes variopintos, violentos, pero que en el fondo sólo protegen a los suyos, hasta mostrarnos la religiosidad popular en el barrio, como lo es el culto espiritual a la corte Calé, que es un culto religioso que rinde pleitesía a un joven sicario fallecido en la década de 1970. Todo esto visto desde la feminidad de Pastorita, la joven protagonista.

    Una obra sin desperdicio, una crónica de sucesos con mucha prosa, bien escrita, que muestra la cara más ruda del barrio, pero también la mejor, la de “la gente echada pa lante” (como en el habla popular se conoce a la gente trabajadora que lucha por un mañana mejor). Ergo, es la imagen del barrio, desde una óptica femenina y vista de cara a la muerte. La invito a leerla.

Manchas

    Corro, corro, corro lejos de ahí. Mi corazón todavía suena como si fuera a estallar. Estaba con una chica bebiendo y de repente toda mi vida ha cambiado. Ella era bella, cabello castaño, tez blanca, de una figura delgada y fina, de bellos ojos cafés, de busto lleno y caderas generosas. Bebimos una botella de vino en el bar y de ahí sin mucha prisa ni afán terminé en su alcoba.

    Todo iba de mil maravillas. Hablamos, una charla ligera y corta. Me ofreció una copa de un vino delicioso que me estuvo hablando toda la velada. Bebimos un poco, dejé la copa y me acerqué a ella, en ese instante tomó las riendas y me besó. Fue un beso apasionado, sensual y lujurioso, al punto de ser doloroso. Sus dientes mordieron mis labios justo antes de saltar hacia mi cuello, tenía colmillos donde una vez vi dientes.

   No logro recordar cómo pero logré salir, y todavía huyó. He pasado varias cuadras, casas y autos, y he visto en los retrovisores unas marcas y unas manchas en mi cuello. Todo parece un sueño. Un apetito voraz me invade. Y, ahora que lo pienso no recuerdo haber cenado…

 

 

Karakas 2061

    Corre el año 2061 en el distrito 24, conocido  como Karakas o Karacas, y hay hasta quién le dice Caracas. Nadie está muy seguro de su grafía desde hace casi un siglo; desde una antigua guerra que acabó con ese arcaico país, llamado vene…, su nombre está prohibido. La verdad no está muy claro el por qué. Lo que sí está trasparente, es que el distrito 24 es un caos, ubicado en las ruinas de una urbe del norte del sur, de un contiene sin nombre.

    Ahora, ya nada de eso detalles importan. El continente se dividió hace un tiempo. Lo realmente importante es que quien viva en la actualidad, no sea enviado  al distrito 24. Éste es una ciudad sin alimentos, ni salud, caos e enfrentamientos, reservada para los peores reos del mundo.

El Diario

Día 1

No sé qué demonios ha pasado, de verdad. Me encuentro aislado, solo. Un día estaba de copas con unos amigos y el otro en una habitación, como en un cuarto, sin ventanas, ni puertas. Amanecí aquí sin más. Tiene un gran escritorio y una inmensa biblioteca. La cocina es pequeña, pero de muy buena calidad y el refrigerador tiene de todo. A pesar de lo pequeño no está del todo mal… creo.

Día 5

    He leído de todo y, ya me he acabado todo del refrigerador. Ahora tengo más miedo que antes, algo extraño ha pasado. Al levantarme apareció una puerta y da a un baño. Tengo mucho miedo, aunque por otro lado gozo de donde asearme.

Día 15

    Los primeros días comí de todo y ahora él me castiga. Todos los días aparece comida en el refrigerador pero menos, cada vez menos. Lo que necesito, como el lavabo, pero también me castiga por comerme todo. Creo que él tiene mentalidad propia y además que es sensible. De hecho, he llegado a pensar que él es una chica. Ya saben por lo perceptivo. En fin, él cuida de mí. ÈL es “El Cuarto”.

1984: Reflejo de una realidad

   A lo largo de la existencia de un lector se van apilando textos, novelas, cuentos, relatos y que determinan las preferencias de éste. Pero, más que gustos, son amores. Cada historia es un romance que de una u otra forma seduce, como cual Don Juan enamora a su doncella. Y, es así, como se van amontonando amores en la mente de cada amante de la lectura.

   Sin embargo, cada amor, amante, romance o aventura no es la misma. Hay amores que marcan una vida. De esta manera, hay lecturas que nos atrapan, en algunos casos, nos consumen como amantes en la lujuria de leer. Como un Icaro que por la aventura de volar pierde sus alas al sol.  De esta forma tan dramática me atrapó 1984 de George Orwell, una espectacular novela que rápidamente te lleva a una espiral de hechos, análisis y verdades que son el reflejo de nuestras realidades.

    Hace unos pocos años, yo aún era estudiante de Historia de la Universidad Central de Venezuela (Caracas), cuando escuché por primera vez el termino orwelliano para referirse  a un mundo distópico, autoritario, cohesionador y represivo, entre otras cosas. En ese momento, como ciertamente ahora, Venezuela era titular de los principales diarios del mundo, y comparaban nuestra situación a las vivencias de Smith, el protagonista de la novela. Yo, como probablemente le pase al el lector de esta nota, no entendía mucho del tema. Lo que me llevó a realizar una pequeña investigación.

   Lo primero fue leer sobre Orwell y revisar que habían escrito sobre él, antes de leer sus obras. Un mundo de información encontré. Entre éstas una pequeña opinión de prensa de un historiador venezolano, Manuel Caballero, donde mencionaba algunos puntos de 1984. Lo que más me llamó la atención fue saber que Orwell, ingles nacido en la India, hijo de colonos, fue un anarquista que estuvo más que involucrado en la Guerra civil española, fierro crítico del nazismo, del fascismo y también, por igual, del socialismo soviético. Sabiendo estos pequeños datos me sumergí en ese mundo.

   La novela tiene mucha sátira, escrita de una manera impecable, con cierta evolución del personaje que hace que nos reflejemos en él y en su sociedad. Una sociedad contralada por un Estado totalitario, fierro, que impone su voluntad de manera íntima y literalmente en la casa de cada miembro del partido regente. En la casa de cada hombre y mujer de la sociedad, consideradas personas, existe una especie de televisor que indica cuando comer, cuando y a quien odiar. Los únicos trabajos son dentro de la burocracia estatal, en sus cuatro ministerios; el Ministerio de la Verdad, el Ministerio de la Paz, el Ministerio de la Abundancia y el Ministerio del Amor. Pomposos nombres que en la realidad de la novela, son el antónimo exacto de sus sustantivos, ya que se vive siempre en una guerra constate, existe una escasez perenne, los medios de comunicación modifican los hechos cada cierto tiempo y los sentimientos como el amor están prohibidos.

   Sólo existe el amor al Gran Hermano, regente vitalicio, querido y temido como a un Dios, cuya imagen se encuentra a todos lados con una frase, El Gran Hermano te vigila. Claro, como en cualquier sociedad estamental, existe un estamento inferior, pobre y con muchas libertares como lo vicios, la prostitución, entre otros, en este caso los proles.

   Ahora más que antes me parece que vivimos en esta realidad. Vivimos bajo el que comeremos que nos dicten los estamentos superiores de una sociedad liderada por unos pocos. Si bien existen diversos casos, uno más dramáticos que otros, de esta realidad, en general en la Venezuela de 2017 estamos más cerca a 1987, de lo que pudo haber estado en décadas pasadas. Sin mencionar la referencia caribeña del Gran Hermano, que para todo venezolano sabe que el Gran Hermano “los vigila”. Les recomiendo la lectura y saquen sus propias conclusiones.

Perfecta

Él la miró y le dijo “eres todo lo que un día imaginé”. Ella lo miro, voltio la cara, torció sus ojos, hizo un ademán de derroche, todo con falsas intenciones de indiferencia. Se volteó y le dijo “¿entonces soy perfecta? tú no me conoces. No sabes nada de mi” a lo que él contestó “no, eres real. Con fallas y más. Pero, con todo y eso, eres perfecta para mí, en mi vida, en mi corazón y en mi alcoba. Con esto ella no pudo contener más sus emociones. Ya era de él.

Tres recuerdos (segunda parte)

    El segundo recuerdo. Eva. Ella fue todo lo que no era Lilith. Tímida, reservada, dependiente, y sin embargo, nunca inocente. Eva buscaba a un hombre como la sociedad la había programado para tener: un típico Don Juan (en este caso a lo sudamericano, no iberico).  También, tenía que ser un tipo con una actitud (aptitud no me gusta, le falta Rock Roll) ruda pero a la vez amorosa con ella. Una total contradicción inoculada desde que era niña por casi todo su entorno.

    Ahora, debe entrar en escena nuestro protagonista. Ya no será Manuel, el es muy… cuál sería la palabra…¡ñero! Necesitamos alguien más refinado; los gustos de Eva no soy los de Lilith. Sebastián, y a secas. Nada de sebas, u otra abreviatura. Por favor, la próxima vez que alguien me recuerde: no usar u o, más nunca. Dios, ya no sé ni qué digo. Los dieciséis (16)  pases de perico, que me eché hoy, me están pasando factura.

    Voy a intentarlo una vez más, si no puedo me meteré diez pases más e iré a dormir. Eva y Sebastián se conocieron de la forma más anticuada que existe por estos días, ¿la pillan? ¿Cómo que no! Bueno, se las diré… Fueron presentados por sus padres. Por Don Importante (padre de Sebastián) y Señora Moralidad (madre de Eva). Ya sé que están pensando, “¡cómo va a ser la madre de Eva, si ella es la primera mujer!”, a lo que yo respondo: después de dieciocho (18) pases de perico (acabo de inhalar dos (2) más) no me importa ya qué sentido lleve esto.

      Don Importante y Señora Moralidad eran las personas más correctas de su comunidad; eran casadas, de familias dignas y religiosas. Además, fornicaban los fines de semana, uno con el otro; mientras más moralistas son, más depravado es su alma. Entrenaron a sus hijos en el arte de la hipocresía moral y en la incoherencias religiosa (esa vaina loca: de por un lado decir amar al prójimo, y por el otro condenar al que es diferente a ellos).

       Eva y Sebastián se enamoraron, pero no de ellos, sino de la idea de enamorarse. De tener un esposo digno, una esposa digna, en una casa digna. Por un tiempo todo fue amor, de ese que hablan los vecinos, hasta que las realidades de cada uno chocaron con sus caretas de falsa rectitud. Sebastián resultó ser gay, y huyó por ahí con su amigo Raúl. Su amada esposa entró en un estado de dolor que casi la llevó a la locura.

        Eva vivió el continuo. El pecado original, la realidad de cada uno. Los sentidos y el corazón, no se pueden contener, son como un río. Sea como sea que se embalen, siempre buscan la manera de salir. Ella encontró la calle, la noche, lo carnal. Todo lo que una vez criticó. Eva se volvió Lilith. Después de eso fue una ñera, de la calle. Con el tiempo vivió del placer de la carne; del cobrar por alquilar caricias. Y, una noche conoció un joven Manuel que sedujo, y su castidad rompió (sí, Manuel era castro hasta esa noche). Y el continuo se volvió el principio. Por eso es el continuo.

        Suficiente por hoy. Tienen que descansar para el final. Ya perturben demasiado sus mentes. Fin del comunicado.